Los ensayos
Los ensayos Sólo he necesitado la capacidad de contentarme,[67] c | lo cual constituye, sin embargo, una moderación del alma, si lo entendemos bien, igualmente difícil en toda suerte de condición, y que por experiencia vemos que se encuentra con más facilidad aún en la indigencia que en la abundancia. Quizá porque, de acuerdo con el curso de nuestras demás pasiones, el afán de riquezas se aviva más con el uso que con la carencia, y la virtud de la moderación es más rara que la de la resistencia. Y sólo he precisado a | gozar dulcemente de los bienes que Dios por su generosidad me había puesto en las manos. No he probado ninguna clase de trabajo[68] enojoso. Apenas he manejado otra cosa que mis asuntos; c | o, si lo he hecho, ha sido con la condición de hacerlo a mi tiempo y a mi manera, encargado por personas que se fiaban de mí y que no me acuciaban y me conocían. Los expertos, en efecto, obtienen algún servicio hasta del caballo repropio y que sufre de huélfago.
a | Mi infancia misma fue guiada de una manera blanda y libre, y aun entonces estuvo exenta de sujeción rigurosa. Todo ello me ha proporcionado un temperamento tierno e incapaz de solicitud. A tal punto que me gusta que me oculten mis pérdidas y los desórdenes que me atañen. Incluyo en el capítulo de gastos lo que me cuesta alimentar y mantener mi despreocupación:
haec nempe supersunt,
quae dominum fallant, quae prosint furibus.[69]