Los ensayos
Los ensayos Y jamás existió tiempo ni lugar en los cuales se les ofreciera a los prÃncipes una recompensa más segura y más grande por su bondad y justicia. Mucho me engaño si el primero al que se le ocurra ganar favor y autoridad por esta vÃa no avanza a sus compañeros con poco coste. La fuerza, la violencia pueden alguna cosa, pero no siempre todo. c | Vemos que mercaderes, jueces legos y artesanos se codean con la nobleza en cuanto a valentÃa y arte militar. Libran honorables combates, tanto públicos como privados; asaltan y defienden ciudades en nuestras actuales guerras. El prestigio de un prÃncipe se ahoga en medio de esta muchedumbre. Que resplandezca por su humanidad, por su verdad, lealtad, templanza y sobre todo justicia —signos poco frecuentes, desconocidos y desterrados—. Sólo puede cumplir sus objetivos merced a la voluntad de los pueblos, y no hay otras cualidades que puedan atraer su voluntad como éstas, que le son las más útiles. Nihil est tam populare quam bonitas.[79] [Nada es tan popular como la bondad]. a | Con este término de comparación, me habrÃa encontrado c | grande y singular, como me encuentro pigmeo y común en comparación con algunos siglos pasados, en los cuales era vulgar, si no concurrÃan otras cualidades más fuertes, ver a un hombre a | moderado en las venganzas,[80] indulgente en su reacción frente a las ofensas, escrupuloso en la observancia de su palabra,[81] ni doble ni dúctil ni acomodaticio de su lealtad[82] a la voluntad de otros y a las ocasiones. Antes permitirÃa romper el cuello a los asuntos polÃticos que doblegar mi lealtad a su servicio.