Los ensayos
Los ensayos a | debemos librarnos de estos humores vulgares y nocivos. AsÃ, hemos situado los cementerios junto a las iglesias, y en los lugares más frecuentados de la ciudad, para acostumbrar, decÃa Licurgo, al pueblo bajo, a las mujeres y a los niños, a que no se asusten al ver a un hombre muerto, y para que el continuo espectáculo de osamentas, tumbas y sepelios nos advierta de nuestra condición:[55]
b | Quin etiam exhilarare uiris conuiuia caede
mos olim, et miscere epulis spectacula dira
certantum ferro, saepe et super ipsa cadentum
pocula respersis non parco sanguine mensis.[56]
[Además, en otros tiempos tenÃan la costumbre de alegrar los banquetes con muertes, y de mezclar con las comidas los crueles espectáculos de luchas de gladiadores, cuyos combatientes a menudo caÃan hasta sobre las copas, inundando abundantemente las mesas con su sangre].