Los ensayos
Los ensayos a | Pero ¿a quién creeremos hablando de sí mismo en una época tan corrompida, si a pocos o a nadie podemos creer hablando de otro, en lo cual mentir resulta menos provechoso? El primer rasgo de la corrupción de las costumbres es el destierro de la verdad. Porque, como decía Píndaro, ser veraz es el inicio de una gran virtud,[14] c | y es el primer artículo que Platón exige al gobernador de su república.[15] a | Nuestra verdad de hoy no es lo que es, sino aquello de lo que se persuade a los demás, del mismo modo que llamamos moneda no sólo a la que es de curso legal sino también a la falsa que circula. Este vicio se le reprocha desde hace mucho a nuestra nación. En efecto, Salviano de Marsella, que vivió en tiempos del emperador Valentiniano, asegura que para los franceses el mentir y el jurar en falso no son vicios sino maneras de hablar.[16] Si alguien quisiera ir más allá de este testimonio, podría decir que ahora los consideran virtudes. Nos formamos en ello, nos habituamos a ello, como si se tratara de un ejercicio honorable; el disimulo está, en efecto, entre las cualidades más notables de este siglo.