Los ensayos
Los ensayos AsÃ, con frecuencia me he preguntado de dónde podÃa proceder la costumbre, que observamos tan escrupulosamente, de sentirnos ofendidos con más acritud por el reproche de este vicio, tan común entre nosotros, que por ningún otro; y que reprocharnos una mentira sea la mayor injuria que pueda hacérsenos de palabra.[17] A este respecto, encuentro natural que nos defendamos más de aquellos defectos que nos manchan más. Parece que, sintiéndonos afectados y conmovidos por la acusación, nos descargamos en cierta medida de la culpa; si la tenemos de hecho, al menos la condenamos en apariencia. b | ¿No sucederá también que este reproche parece comportar cobardÃa y bajeza de ánimo? ¿Existe alguna más manifiesta que desdecirse de la propia palabra, más aún, desdecirse del propio saber?