Los ensayos

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Y, para volver a su justicia, no podemos censurar otra cosa que los rigores de que se valió, en los inicios de su poder, contra quienes habían seguido el partido de Constancio, su predecesor.[13] En cuanto a su sobriedad, hacía siempre vida de soldado[14] y, en plena paz, se alimentaba como si se estuviera preparando y acostumbrando a la austeridad de la guerra. Su capacidad de velar era tal que dividía la noche en tres o cuatro partes: la menor la entregaba al sueño; el resto lo dedicaba a inspeccionar en persona la situación de su ejército y sus guardias, o a estudiar.[15] Entre otras singulares cualidades, en efecto, destacaba sobremanera en toda suerte de literatura.[16] Se dice de Alejandro Magno que, cuando se acostaba, por miedo a que el sueño le apartara de sus pensamientos y de sus estudios, hacía poner un recipiente junto a la cama y dejaba una mano fuera, con una bolilla de cobre, para que, al sorprenderle el sueño y aflojar la presión de los dedos, la bolilla le despertase con el ruido que hacía al caer en el recipiente. Éste tenía el alma tan aplicada a lo que quería y tan libre de vapores, gracias a su singular abstinencia, que se las arreglaba bien sin tal artificio.[17] En cuanto a habilidad militar, fue admirable en todas las cualidades propias de un gran capitán;[18] pasó, además, casi toda la vida ejercitándose continuamente en la guerra, y la mayor parte con nosotros, en Francia, contra los alemanes y los francos. Apenas conservamos memoria de nadie que haya visto más peligros y que haya puesto a prueba con más frecuencia su persona. Su muerte se asemeja en parte a la de Epaminondas: fue alcanzado por un proyectil y trató de arrancárselo, y lo habría conseguido de no ser que, al tratarse de una saeta cortante, se cortó y debilitó la mano.[19] Pidió con insistencia que lo devolvieran aun en ese estado a la pelea para infundir ánimos a sus soldados, que disputaron la batalla muy valerosamente sin él hasta que la noche separó a los ejércitos.[20] Debía a la filosofía el singular desprecio que profesaba por su vida y por las cosas humanas. Creía firmemente en la eternidad de las almas.[21]


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