Los ensayos
Los ensayos a | Era en verdad un extraordinario ejemplo, y de grandísimo fruto para la formación del pueblo, ver todos los días ante ellos a cien, doscientas, hasta mil parejas de hombres, armados los unos contra los otros, despedazarse con tan extrema firmeza de ánimo que no se les vio lanzar ni una palabra de debilidad o conmiseración, jamás volver la espalda, ni hacer siquiera un movimiento cobarde para esquivar el golpe de su adversario, sino más bien presentar el cuello a su espada y ofrecerse al golpe. Muchos de ellos, heridos de muerte por múltiples heridas, mandaban preguntar al pueblo si estaba satisfecho del cumplimiento de su deber, antes de tumbarse para rendir su espíritu allí mismo.[17] Habían de luchar y de morir no sólo con entereza, sino también con alegría. De tal manera que les abucheaban y maldecían si les veían resistirse a aceptar la muerte. b | Hasta las muchachas los incitaban:
consurgit ad ictus,
et quoties uictor ferrum iugulo inserit, illa
delitias ait esse suas, pectusque iacentis
uirgo modesta iubet conuerso pollice rumpi.[18]
[la modesta virgen se alza a cada golpe, y cada vez que el vencedor hunde la espada en una garganta, expresa su deleite y ordena, bajando el pulgar, que se atraviese el pecho del derribado].