Los ensayos
Los ensayos TODAS LAS COSAS TIENEN SU HORA
a | Quienes comparan a Catón el Censor con Catón el Joven, que se quitó la vida,[1] c | comparan dos bellas naturalezas y de maneras de ser cercanas.[2] El primero sacó partido de la suya en más aspectos, y sobresale por sus gestas militares y por la utilidad de sus funciones públicas. Pero la virtud del joven, aparte de que es una blasfemia compararle otra cualquiera en vigor, fue mucho más clara. ¿Quién, en efecto, descargaría de envidia y de ambición la del Censor, que osó enfrentarse al honor de Escipión,[3] que era, en bondad y en todas las cualidades de la excelencia, mucho más grande que él y que cualquier hombre de su siglo?
a | Una de las cosas que se cuentan de él, que en su extrema vejez empezó a aprender la lengua griega con ardoroso afán, como para saciar una prolongada sed, no me parece que le reporte mucho honor.[4] Esto es, en propiedad, lo que llamamos recaer en niñerías. Todas las cosas tienen su hora, incluso las buenas. Y puedo decir mi padrenuestro de manera importuna, c | tal y como se le imputó a T. Quinto Flaminio, porque, siendo general del ejército, le habían visto aparte, en el momento de la lucha, entregado a rezar a Dios en una batalla que ganó:[5]
b | Imponit finem sapiens et rebus honestis.[6]