Los ensayos
Los ensayos [El sabio se impone un límite incluso en lo honesto].
a | Eudámidas, viendo que Jenócrates, muy anciano, se afanaba en las lecciones de su escuela, dijo: «¿Cuándo sabrá éste, si todavía está aprendiendo?».[7] b | Y Filopemen, a quienes ensalzaban sobremanera al rey Ptolomeo porque todos los días endurecía su persona en el ejercicio de las armas, les dijo: «No es loable que un rey de su edad se ejercite en esto; ahora las debería emplear realmente».[8]
a | El joven debe hacer sus preparativos, el viejo disfrutarlos, dicen los sabios.[9] Y el mayor vicio que observan en nosotros es que nuestros deseos rejuvenecen incesantemente. Estamos siempre volviendo a empezar a vivir.[10] Nuestro estudio y nuestro afán deberían percibir alguna vez la vejez. Tenemos un pie en la tumba, y nuestras ansias y aspiraciones acaban de nacer:
b | Tu secanda marmora
locas sub ipsum funus, et sepulchri
immemor, struis domos.[11]
[Haces tallar mármoles a punto de morir, y,
sin acordarte del sepulcro, haces construir casas].