Los ensayos
Los ensayos a | En ese mismo país, existía una cosa semejante en sus gimnosofistas. En efecto, no por obligación ajena, ni por el ímpetu de un humor repentino, sino por expresa profesión de su regla, su disposición era que, a medida que alcanzaban cierta edad o que se veían amenazados por alguna enfermedad, se hacían preparar una hoguera, y encima un lecho muy engalanado; y tras festejar alegremente a sus amigos y conocidos, se acostaban en ese lecho con una determinación tal que, encendido el fuego, nadie les vio mover ni pies ni manos —y así murió uno de ellos, Calano, en presencia de todo el ejército de Alejandro Magno—.[15] b | Y entre ellos no era considerado santo ni bienaventurado quien no se daba esta muerte, enviando el alma purgada y purificada por el fuego, tras haber consumido todo lo que tenía de mortal y terrestre.[16] a | Esta constante premeditación de la vida entera es lo que hace el milagro.