Los ensayos
Los ensayos Sea como fuere, sobre este mismo asunto el señor de Joinville, testigo fiable como ningún otro, nos refiere de los beduinos, nación mezclada con los sarracenos con la cual san Luis tuvo relación en Tierra Santa, que creían tan firmemente en su religión que los días de cada uno están fijados y contados desde toda la eternidad con un preordenamiento inevitable que acudían a la guerra desnudos, salvo una espada a la turquesca, y con el cuerpo cubierto por una simple tela blanca. Y, cuando se irritaban con los suyos, tenían siempre en la boca como maldición máxima: «¡Maldito seas como el que se arma por miedo a la muerte!».[24] Vemos aquí una prueba muy distinta de la nuestra de creencia y de fe. Y de este rango es también la que dieron dos religiosos de Florencia de la época de nuestros padres. Inmersos en cierta controversia doctrinal, acordaron entrar los dos en una hoguera, ante todo el pueblo y en la plaza pública, para verificar cada uno su partido. Y estaban ya los preparativos ultimados, y la cosa a punto de ejecución, cuando fue interrumpida por un accidente imprevisto.[25]