Los ensayos
Los ensayos b | A quienes tienen derecho a poderse enojar en mi familia les advierto, en primer lugar, que reserven su ira y no la difundan a cualquier precio, porque eso impide su efecto y su peso —la griterÃa a la ligera y habitual se convierte en costumbre y hace que todo el mundo la desprecie; la que empleas contra un servidor por un hurto no se percibe, porque es la misma que te ha visto emplear cien veces contra él por haber enjuagado mal un vaso o colocado mal un escabel—. En segundo lugar, que no se enojen al aire, y miren que su reprensión llegue hasta aquel del cual se quejan, pues habitualmente gritan antes de que esté en su presencia, y continúan gritando un siglo después de su marcha:
Et secum petulans amentia certat.[30]
[La demencia, insolente, lucha contra sà misma].
La emprenden con su sombra y llevan la tormenta allà donde nadie sufre ni castigo ni perjuicio sino por la barahúnda de gritos, tan grande que no se puede más. Acuso igualmente, en las querellas, a quienes lanzan desafÃos y se sublevan sin adversario; estas baladronadas deben guardarse para donde den resultado:
Mugitus ueluti cum prima in proelia taurus
terrificos ciet atque irasci in cornua tentat,
arboris obnixus trunco, uentosque lacessit
ictibus, et sparsa ad pugnam proludit arena.[31]