Los ensayos
Los ensayos DEFENSA DE SÉNECA Y DE PLUTARCO
a | Mi familiaridad con estos personajes, y la asistencia que prestan a mi vejez, c | y a mi libro, mamposteado por entero con despojos suyos, a | me obligan a defender su honor. En cuanto a Séneca, entre el sinfín de librillos que los de la religión pretendidamente reformada[1] hacen circular en defensa de su causa, surgidos a veces de una buena mano, y que es muy lamentable que no se empleen en un asunto mejor, vi hace tiempo uno que, para extender y completar la semejanza que pretende encontrar entre el gobierno de nuestro pobre difunto rey Carlos IX y el de Nerón, asocia al difunto cardenal de Lorena con Séneca, sus fortunas de haber sido ambos los primeros consejeros de sus príncipes, y también sus costumbres, sus caracteres y sus maneras de comportarse.[2] En esto, a mi entender, le rinde un gran honor al mencionado cardenal. Pues, aunque yo esté entre quienes más aprecian su ingenio, su elocuencia, su celo por su religión y su servicio al rey, así como la buena fortuna de haber nacido en un siglo en el cual resultó tan nuevo y tan singular, y a la vez tan necesario para el bien público, disponer de un personaje eclesiástico de tal nobleza y dignidad, apto y capaz para su cargo, con todo, si he de confesar la verdad, no estimo su capacidad ni mucho menos tal, ni su virtud tan neta y completa, ni tan firme, como la de Séneca.