Los ensayos
Los ensayos Hay todavía en ese mismo lugar otra acusación que me ofende por Plutarco, cuando dice que tuvo buena fe al emparejar a romanos con romanos y a griegos entre sí, pero no al emparejar romanos con griegos. La prueba está, dice, en Demóstenes y Cicerón, Catón y Aristides, Sila y Lisandro, Marcelo y Pelopidas, Pompeyo y Agesilao, pues considera que favoreció a los griegos dándoles compañeros tan dispares.[27] Esto es precisamente atacar lo que Plutarco tiene de más excelente y loable. Porque en sus comparaciones —que son la parte más admirable de sus obras y aquella en la cual, a mi juicio, más se ha complacido—, la fidelidad y honradez de sus juicios iguala su hondura y gravedad. Es un filósofo que nos enseña la virtud. Veamos si podemos salvarlo de este reproche de prevaricación y falsedad. Lo que puedo pensar que ha dado motivo a tal juicio es el lustre grande y manifiesto de los nombres romanos, que tenemos en la cabeza. No nos parece que Demóstenes pueda igualar la gloria de un cónsul, procónsul y cuestor de esta gran república.[28] Pero si uno examina la verdad de la cosa, y los hombres en sí mismos —lo cual es el principal objeto de Plutarco, así como sopesar sus costumbres, sus temperamentos, su capacidad más que su fortuna—, creo, al contrario que Bodin, que Cicerón y Catón el Viejo se quedan muy por detrás de sus compañeros.[29] Para su propósito, yo habría más bien escogido el ejemplo de Catón el Joven comparado con Foción, pues, en esta pareja, se encontraría una disparidad más verosímil en favor del romano. En cuanto a Marcelo, Sila y Pompeyo, veo claramente que sus gestas militares son más magníficas, gloriosas e imponentes que las de aquellos griegos que Plutarco les empareja;[30] pero las acciones más bellas y virtuosas, igual en la guerra que en lo demás, no son siempre las más célebres. Con frecuencia veo nombres de capitanes sepultados bajo el esplendor de otros nombres de menor mérito. Como prueba ahí están Labieno, Ventidio, Telésino y muchos más.[31] Y, de tomarlo por este lado, si tuviera que lamentarme por los griegos, ¿no podría decir que mucho menos comparables son Camilo a Temístocles, los Gracos a Agis y Cleómenes, Numa a Licurgo?[32] Pero es insensato pretender juzgar de un solo trazo cosas con tantos aspectos.