Los ensayos
Los ensayos Para volver a su clemencia, tenemos numerosos ejemplos genuinos del tiempo de su dominio, cuando, con todas las cosas reducidas a su poder, ya no tenía que fingir. Cayo Memio había escrito contra él unos discursos muy hirientes, a los que había respondido con gran acritud; sin embargo, no dejó poco después de ayudar a hacerlo cónsul.[24] Cayo Calvo, que había compuesto muchos epigramas injuriosos en su contra, se valió de sus amigos para reconciliarse, y fue el mismo César quien se prestó a escribirle primero.[25] Y nuestro buen Catulo, que le había maltratado tan duramente con el nombre de Mamurra, fue a pedirle excusas, y ese mismo día le hizo cenar en su mesa.[26] Advertido de algunos que hablaban mal de él, no hizo otra cosa que declarar, en un discurso público, que estaba advertido de ello.[27] Temía a sus enemigos menos aún de lo que los odiaba. Le descubrieron algunas conjuras y reuniones que se hacían contra su vida; se contentó con publicar mediante un edicto que le eran conocidas, sin perseguir de otro modo a los autores.[28] En cuanto al respeto que profesaba a sus amigos, a Cayo Opio, que viajaba con él y se encontró mal, le cedió la única casa que tenía, y él durmió toda la noche en el suelo y al raso.[29] En cuanto a su justicia, hizo morir a un servidor al que amaba singularmente por haberse acostado con la mujer de un caballero romano, aunque nadie se quejó.[30] Jamás nadie mostró ni más moderación en la victoria ni más determinación en la fortuna adversa.