Los ensayos
Los ensayos a | Los ejemplos de su benignidad y clemencia hacia aquellos que le habían ofendido son infinitos;[19] quiero decir dejando aparte los que ofreció mientras la guerra civil estaba aún en curso, de los cuales él mismo da a entender suficientemente en sus escritos se valía para engatusar a sus enemigos y hacer que temieran menos su futuro dominio y su victoria. Pero, con todo, debe decirse que tales ejemplos, si no bastan para probarnos su genuina benignidad, nos muestran por lo menos la extraordinaria confianza y grandeza de ánimo del personaje. Le sucedió a menudo que devolvía los ejércitos íntegros al enemigo tras haberlos derrotado, sin dignarse siquiera a comprometerlos mediante juramento, si no a secundarlo, cuando menos a contenerse sin hacerle la guerra. Capturó tres y cuatro veces a ciertos capitanes de Pompeyo, y otras tantas veces los volvió a dejar en libertad.[20] Pompeyo declaraba enemigo a todo aquel que no le seguía a la guerra; y él, por su parte, hizo proclamar que consideraba amigo a todo aquel que no se moviera y no se armara efectivamente contra él.[21] A aquellos de sus capitanes que se apartaban de él para adoptar otra condición, les devolvía también armas, caballos y pertrechos.[22] Las ciudades que había conquistado a la fuerza, las dejaba libres de seguir el partido que prefirieran, sin dejarles otra guarnición que el recuerdo de su benignidad y su clemencia. Prohibió, el día de la gran batalla de Farsalia, que pusieran la mano sobre los ciudadanos romanos salvo en caso muy extremo.[23] Son rasgos muy azarosos, a mi entender; y no es extraño que, en las guerras civiles que vemos, quienes se enfrentan como él contra el estado antiguo de su propio país no imiten su ejemplo. Son medios extraordinarios, y corresponde sólo a la fortuna de César y a su admirable previsión conducirlos dichosamente. Cuando considero la incomparable grandeza de esta alma, excuso a la victoria por no haber podido librarse de él, incluso en aquella causa muy injusta y muy inicua.