Los ensayos

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a | Sus placeres no le hicieron jamás hurtar un solo minuto de tiempo a las oportunidades que se le presentaban para engrandecerse, ni desviar un paso de ellas. Esta pasión dominó en él todas las demás con tanta soberanía, y poseyó su alma con autoridad tan plena, que la arrastró a su antojo. Es, en verdad, algo que me irrita cuando considero la grandeza del personaje en lo restante, y las extraordinarias cualidades que le adornaban, una aptitud tan grande para toda clase de saber que apenas existe una ciencia de la que no escribiese. Era tan buen orador que muchos prefirieron su elocuencia a la de Cicerón;[12] y él mismo, a mi juicio, no estimaba quedarse muy atrás en este aspecto; y sus dos Anticatones fueron escritos sobre todo para contrarrestar el bello lenguaje que Cicerón había empleado en su Catón.[13] Por lo demás, ¿existió nunca alma tan vigilante, tan activa y tan resistente al trabajo como la suya? Y sin duda la adornaban también muchas raras semillas de virtud, quiero decir, vivas, naturales y no ficticias. Era particularmente sobrio y tan poco exigente con la comida que, según refiere Opio, el día que le sirvieron en la mesa, con cierta salsa, aceite medicinal en vez de aceite simple, la consumió en abundancia para no deshonrar a su anfitrión.[14] En otra ocasión mandó azotar a su panadero porque le sirvió otro pan que el de la mayoría.[15] El mismo Catón solía decir de él que era el primer hombre sobrio que se había aprestado a destruir su país.[16] Y, en cuanto a que el propio Catón le llamó un día borracho, sucedió así: estaban ambos en el Senado, donde se debatía sobre la conjuración de Catilina, de la cual César era sospechoso, y le trajeron una carta a escondidas del exterior. Catón, pensando que los conjurados le advertían de algo, le conminó a entregársela, y César se vio obligado a hacerlo así para evitar el agravamiento de la sospecha. Era por azar una carta de amor que le escribía Servilia, hermana de Catón. Catón, tras haberla leído, se la arrojó diciendo: «Toma, borracho».[17] Fue, digo, más una frase de desdén y de cólera que un reproche expreso de este vicio. Tal como nosotros muchas veces injuriamos a quienes nos molestan con las primeras injurias que nos vienen a la boca, aunque en absoluto correspondan a quienes las destinamos. Además, el vicio que Catón le reprocha es asombrosamente cercano a aquel en el cual había sorprendido a César, pues Venus y Baco suelen convenir, a2 | según dice el proverbio.[18] b | Pero, en mí, Venus es mucho más alegre acompañada de sobriedad.


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