Los ensayos
Los ensayos c | Para decir mi opinión, admiro estas acciones más de lo que las honro; tales excesos son contrarios a mis reglas. El propósito fue bello y escrupuloso, pero, a mi juicio, un poco falto de prudencia. ¿Qué diremos si su fealdad sirvió después para arrojar a otros al pecado del desprecio y del odio, o de la envidia por la gloria de un mérito tan singular, o de la calumnia, al interpretar ese humor como si procediese de una ambición desquiciada? ¿Existe alguna forma de la cual el vicio no extraiga, si quiere, motivos para ejercitarse de una manera u otra? Era más justo, y también más glorioso, hacer de esos dones de Dios un objeto de virtud ejemplar y de orden. Quienes se sustraen a las obligaciones comunes y a ese número infinito de reglas espinosas, con tantos aspectos, que atan a un hombre de exacta probidad en la vida civil, se ahorran a mi entender un gran trabajo, por más aguda que sea la dureza particular que se impongan. Es en cierta manera morir para huir del esfuerzo de vivir bien. Pueden tener otro mérito; pero el mérito de la dificultad jamás me ha parecido que lo tengan, ni que, en cuanto a dificultad, exista nada más allá de mantenerse recto en medio de las oleadas de la multitud del mundo, dando respuesta y satisfaciendo lealmente a todos los aspectos de su tarea. Acaso es más fácil prescindir simplemente de todo el sexo que mantener una rectitud completa en compañÃa de la esposa. Y cabe arreglárselas con más despreocupación en la pobreza que en la abundancia empleada de manera justa. El uso guiado por la razón es más arduo que la abstinencia. La moderación es una virtud mucho más difÃcil que la resistencia. El vivir bien de Escipión el Joven tiene mil formas; el vivir bien de Diógenes tiene sólo una.[39] Ésta supera en inocencia a las vidas comunes en la misma medida que las excelentes y cumplidas la superan en utilidad y en fuerza.