Los ensayos

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Si no tenía muchos escrúpulos en cobrar ventaja sobre el enemigo con el pretexto de un tratado de acuerdo, no tenía más en no requerir de sus soldados otra virtud que la valentía,[12] y apenas castigaba otros vicios que el motín y la desobediencia.[13] Muchas veces, tras sus victorias, les daba rienda suelta para todo tipo de licencia, dispensándolos por algún tiempo de las reglas de la disciplina militar, y añadía que sus soldados estaban tan bien formados que, aun llenos de perfume y almizcle, no dejaban de ir furiosamente a la lucha.[14] En verdad, le gustaba que fueran ricamente armados, y les hacía llevar arneses grabados, de oro y de plata, para que el afán de conservar sus armas les hiciera defenderse con más violencia.[15] Al hablarles, les llamaba con el nombre de «camaradas», que todavía usamos.[16] Augusto reformó esto considerando que lo había hecho por la necesidad de sus intereses y para halagar el corazón de quienes le seguían por propia voluntad:

b | Rheni mihi Caesar in undis

dux erat, hic socius: facinus quos inquinat, aequat;[17]

[en las aguas del Rin César era mi general, aquí un

compañero; el crimen iguala a aquellos que mancha];


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