Los ensayos
Los ensayos Quiero señalar aquí dos acontecimientos singulares y extraordinarios a propósito del sitio de Alesia. El primero que, cuando los galos, al reunirse para ir a enfrentarse allí con César, hicieron recuento de todas sus fuerzas, decidieron en su consejo reducir una buena parte de aquella gran multitud por miedo a que cayeran en la confusión.[42] Es nuevo el ejemplo de temer ser demasiados; pero, si se entiende bien, es verosímil que el cuerpo de un ejército deba tener un tamaño moderado y ajustado a ciertos límites, ya sea por la dificultad de aprovisionarlo, ya sea por la dificultad de dirigirlo y mantenerlo en orden. Al menos, sería muy fácil verificar, mediante ejemplos, que los ejércitos monstruosos en número apenas han logrado nada valioso. c | De acuerdo con lo que dice Ciro en Jenofonte, no es el número de hombres, sino el número de hombres valerosos, lo que da superioridad, de suerte que el resto sirve más de estorbo que de ayuda.[43] Y Bayazeto fundó principalmente su decisión de librar batalla a Tamerlán, contra el parecer de todos sus capitanes, en el hecho de que el número infinito de hombres de su enemigo le daba una esperanza cierta de confusión.[44] Scanderberg, buen juez y muy experto, solía decir que diez o doce mil combatientes fieles debían bastarle a un jefe de guerra capaz para asegurar su reputación en toda suerte de necesidad militar.[45] a | El otro punto que parece contrario tanto al uso como a la razón de la guerra es que Vercingetorix, que había sido nombrado jefe y general de todas las facciones de las Galias sublevadas, tomó la decisión de ir a encerrarse en Alesia.[46] Pues quien manda a todo un país jamás debe recluirse salvo en el caso extremo de que esté en juego su última plaza y no le quede otra esperanza que su defensa. De no ser así, debe mantenerse libre, para tener manera de proveer en general a todas las facciones de su gobierno.