Los ensayos
Los ensayos fluminis ingentes fluctus, uestemque cruentent.[7]
[Al punto que con frecuencia, como si el acto estuviera consumado,
derraman en abundancia líquido a raudales y manchan su ropa].
Y, aunque no sea nuevo ver crecer cuernos por la noche a quien no los tenía al acostarse, lo que le ocurrió a Cipo, rey de Italia, es memorable. Por haber asistido durante el día, con gran afición, a una lidia de toros, y haber soñado toda la noche que tenía cuernos en la cabeza, la fuerza de la imaginación hizo que le salieran en la frente.[8] El sufrimiento proporcionó al hijo de Creso la voz que la naturaleza le había negado.[9] Y la fiebre se adueñó de Antíoco porque tenía la belleza de Estratónice impresa demasiado vivamente en el alma.[10] Plinio dice haber visto a Lucio Cositio transformado de mujer a hombre el día de sus nupcias.[11] Pontano y otros refieren metamorfosis semejantes, acaecidas en Italia durante estos siglos pasados.[12] Y por vehemente deseo suyo y de su madre,
Vota puer soluit, quae faemina vouerat Iphis.[13]
[Ifis se volvió muchacho por los votos que había hecho siendo mujer].