Los ensayos
Los ensayos a | Los sufrimientos que nos afectan simplemente en el alma me afligen en mucha menor medida que a la mayorÃa de los hombres restantes. En parte por juicio —pues la gente considera horribles, o dignas de evitarse al precio de la vida, muchas cosas que a mà me resultan poco menos que indiferentes—; en parte, por mi temperamento torpe e insensible para los infortunios que no recaen directamente en mà —temperamento que considero una de las mejores cualidades de mi condición natural—. Pero los sufrimientos verdaderamente reales y corporales, los siento muy vivamente.[8] Sin embargo, al preverlos en el pasado con una mirada débil, delicada y reblandecida por el disfrute de la salud y el reposo, dilatados y felices, que Dios me otorgó la mayor parte de mi vida, los habÃa imaginado tan insoportables que, en verdad, mi miedo era mayor que el dolor que he encontrado. De este modo, sigo reforzando mi creencia de que la mayorÃa de facultades del alma, c | tal como las empleamos, a | alteran el reposo de la vida más de lo que lo sirven.