Los ensayos
Los ensayos Lucho contra la peor de todas las enfermedades, la más repentina, la más dolorosa, la más mortal e irremediable. He sufrido ya cinco o seis ataques muy largos y penosos. Sin embargo, si no me engaño, incluso en tal estado quien tenga el alma libre del temor a la muerte, y libre de las amenazas, conclusiones y consecuencias con que la medicina nos llena la cabeza, puede resistir. Pero el hecho mismo del dolor no tiene una acritud tan violenta y tan hiriente que el hombre sensato deba caer en la rabia y en la desesperación. Del cólico extraigo al menos un beneficio: la autoridad que no poseÃa aún sobre mà mismo, para conciliarme del todo y para familiarizarme con la muerte, la completará él. Porque, cuanto más me acose y me importune, tanto menos temible será la muerte para mÃ. HabÃa logrado ya no estar sujeto a la vida sino solamente por la vida; él disolverá incluso esa complicidad. ¡Y quiera Dios que al final, si su violencia llega a superar mis fuerzas, no me arroje al otro extremo, no menos vicioso, de amar y desear morir!
Summum nec metuas diem, nec optes.[9]
[No temas ni desees tu último dÃa].
Se trata de dos pasiones temibles, pero una tiene el remedio mucho más pronto que la otra.