Los ensayos
Los ensayos Que los médicos excusen un poco mi libertad, pues por la misma fatal infusión e introducción he heredado el odio y el desprecio hacia su doctrina. Mi antipatía hacia su arte es hereditaria. Mi padre vivió setenta y cuatro años, mi abuelo, sesenta y nueve, mi bisabuelo, cerca de ochenta, sin haber probado ninguna suerte de medicina;[26] y, entre ellos, todo lo que no era de uso habitual contaba como droga. La medicina se forma por medio de ejemplos y de experiencia; mi opinión, también. ¿No es ésta una experiencia bien clara y bien favorable? No sé si me encontrarán a tres en sus registros, nacidos, criados y fallecidos en el mismo hogar, bajo el mismo techo, que hayan vivido tanto bajo su guía. Han de confesarme en esto que, si no la razón, al menos la fortuna está de mi parte; ahora bien, entre médicos la fortuna vale mucho más que la razón. Que no se aprovechen de mí ahora, que no me amenacen, abatido como estoy. Sería una superchería. Además, a decir verdad, les llevo suficiente ventaja con mis ejemplos domésticos, aunque se detengan en ellos. Las cosas humanas no tienen tanta continuidad. Hace doscientos años, sólo faltan dieciocho, que la prueba nos dura, pues el primero nació el año 1402. Es ciertamente muy razonable que esta experiencia empiece a fallarnos. Que no me reprochen las dolencias que en estos momentos me agarran por el cuello. ¿Haber vivido sano cuarenta y siete años[27] por mi parte, no es suficiente? Aunque sea el final de mi carrera, es de las más largas.