Los ensayos
Los ensayos Mis antepasados aborrecían la medicina debido a cierta inclinación oculta y natural; en efecto, la simple visión de las drogas producía horror a mi padre. Al señor de Gaujac, mi tío paterno, un hombre de Iglesia, enfermizo desde que nació, y que, sin embargo, prolongó su frágil vida hasta los sesenta y siete años, una vez que sucumbió a una fiebre continua grande y violenta, los médicos ordenaron declararle que, si no aceptaba recibir ayuda —llaman ayuda a aquello que las más de las veces no es sino estorbo—, estaba infaliblemente muerto. El buen hombre, incluso despavorido como estaba por la horrible sentencia, respondió: «Entonces, estoy muerto». Pero, al poco tiempo, Dios hizo vano tal pronóstico.[28] b | El último de los hermanos, de los cuatro que eran, el señor de Bussaguet, y último con mucha diferencia, fue el único que se sometió a este arte, debido, creo yo, a su frecuentación de las demás artes, pues era consejero en la corte del Parlamento; y le resultó tan mal que, siendo en apariencia de complexión más robusta, murió sin embargo mucho antes que los otros, salvo uno, el señor de Saint-Michel.[29]