Los ensayos
Los ensayos a | Era una buena regla en su arte, y que acompaña a todas las artes fantásticas, vanas y sobrenaturales, que la fe del paciente debe anticipar con buenas expectativas y confianza su efecto y acción.[59] Regla que sostienen hasta el extremo de encontrar más apropiado al médico más ignorante y burdo, para quien confÃa en él, que al más experimentado desconocido.[60] Incluso la elección de la mayorÃa de sus drogas es un tanto misteriosa y divina: la pata izquierda de una tortuga, la orina de un lagarto, el excremento de un elefante, el hÃgado de un topo, sangre extraÃda de debajo del ala derecha de una paloma blanca; y para nosotros, colicosos —a tal punto abusan desdeñosamente de nuestra miseria—, cagarrutas de rata pulverizadas, y otras ridiculeces semejantes, que tienen más aspecto de encantamiento mágico que de ciencia sólida. Omito el número impar de sus pÃldoras, la destinación de ciertos dÃas y fiestas del año, la distinción de las horas para coger las hierbas de sus ingredientes, y el gesto huraño y prudente de su porte y disposición, del cual se burla el propio Plinio.[61]