Los ensayos
Los ensayos Ahora bien, si el error del médico es peligroso, lo tenemos muy mal, porque es muy difícil que no recaiga a menudo en él. Necesita demasiados elementos, consideraciones y circunstancias para preparar exactamente su plan. Ha de conocer la complexión del enfermo, su temperamento, sus humores, sus inclinaciones, sus acciones, hasta sus pensamientos y fantasías. Debe responder de las circunstancias externas, de la naturaleza del lugar, de la condición del aire y del tiempo, de la situación de los planetas y de sus influencias. Debe saber, de la enfermedad, sus causas, signos, afecciones, días críticos; de la droga, el peso, la fuerza, el país, la forma, la edad, la administración; y es preciso que, todos estos elementos, los sepa proporcionar y relacionar entre sí para producir una perfecta simetría.[71] Si se equivoca, por poco que sea, si entre tantos motivos uno tan sólo se desvía, es ya suficiente para destruirnos. Dios sabe lo difícil que es conocer la mayor parte de estos elementos. Porque, por ejemplo, ¿cómo descubrirá el signo propio de la enfermedad, si todas ellas son susceptibles de un infinito número de signos? ¡Cuántos debates y cuántas dudas tienen sobre la interpretación de las orinas![72] Si no fuera así, ¿de dónde procedería la continua disputa que vemos entre ellos sobre el conocimiento de la enfermedad? ¿Cómo excusaríamos el error, en el que caen tan a menudo, de confundir marta con zorro?