Los ensayos

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Con motivo de mis viajes he visto casi todos los baños famosos de la Cristiandad, y desde hace algunos años he empezado a servirme de ellos. Porque, en general, considero el baño saludable, y creo que incurrimos en no pequeños inconvenientes para nuestra salud por haber perdido la costumbre, que en el pasado se observaba generalmente en casi todas las naciones, y se observa todavía en muchas, de lavarse el cuerpo todos los días; y no puedo imaginar que no sea mucho peor tener los miembros encostrados y los poros taponados por la mugre. Y, en cuanto a beber tales aguas, la fortuna ha dispuesto en primer lugar que esto no sea en absoluto contrario a mi gusto; en segundo lugar, es natural y simple, y al menos no es peligroso aunque sea vano. Tomo como garantía de este hecho la infinidad de pueblos de todo tipo y temperamento que se reúne en ellos. Y, si bien no he notado ningún efecto extraordinario y milagroso, y, por el contrario, informándome un poco más minuciosamente de lo que suele hacerse, he encontrado mal fundados y falsos todos los rumores sobre tales efectos que se difunden y creen en estos lugares —pues la gente se engaña fácilmente con aquello que desea—, aun así tampoco he visto casi personas a las que estas aguas hayan empeorado; y no se les puede negar sin malicia que no despierten el apetito, faciliten la digestión y nos proporcionen cierta nueva vitalidad, si no se va con las fuerzas demasiado abatidas, cosa que desaconsejo. No sirven para reconstruir una ruina grave; pueden apuntalar una inclinación ligera, o proveer a la amenaza de alguna alteración. Quien no tenga suficiente vitalidad para poder gozar del placer de las compañías que se encuentran allí, ni de los paseos y ejercicios a que nos invita la belleza de los parajes donde suelen estar situadas estas aguas, se pierde sin duda la parte mejor y más segura de su efecto. Por tal motivo, he elegido hasta ahora, para detenerme en ellas y utilizarlas, aquellas en que el lugar era más ameno, y la casa, la comida y las compañías más agradables, como sucede en Francia en los baños de Bagnères, en la frontera entre Alemania y Lorena en los de Plombières, en Suiza en los de Baden, en la Toscana en los de Lucca y sobre todo en los Della Villa, que he utilizado más a menudo y en momentos diferentes.[82]


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