Los ensayos
Los ensayos ¿Para quién no debe ser detestable la perfidia si Tiberio la rechazó con tanto perjuicio? Le comunicaron desde Alemania que, si daba su aprobación, le librarían de Ariminio por medio de un veneno. Éste era el enemigo más poderoso de los romanos; los había tratado con suma vileza en tiempos de Varo, y sólo él les impedía incrementar su dominio en aquellas tierras. Respondió que el pueblo romano tenía la costumbre de vengarse de sus enemigos abiertamente, empuñando las armas, no con engaños y a hurtadillas.[3] Renunció a lo útil por lo honesto. Me diréis que era un impostor. Lo creo; no es un gran milagro en la gente que profesa lo que él.[4] Pero la confesión de la virtud no importa menos en boca de aquel que la aborrece. En efecto, la verdad se la arranca a la fuerza, y, si no quiere acogerla en su interior, al menos se reviste con ella como adorno.