Los ensayos
Los ensayos Nuestro edificio, tanto público como privado, está lleno de imperfección. Pero en la naturaleza nada es inútil, ni siquiera la misma inutilidad; nada de lo que se ha injerido en el universo carece de su lugar oportuno.[5] Nuestro ser está cimentado en cualidades enfermizas; la ambición, los celos, la envidia, la venganza, la superstición, la desesperación se alojan en nosotros con un dominio tan natural que, incluso en los animales, se reconoce su imagen; y hasta la crueldad, un vicio tan desnaturalizado. En efecto, en medio de la compasión sentimos por dentro no sé qué punzada agridulce de maligno placer al ver sufrir a los demás; y los niños la sienten:
Suaue, mari magno, turbantibus aequora uentis,
e terra magnum alterius spectare laborem.[6]
[Qué grato, cuando en el inmenso mar los vientos agitan
las olas, mirar desde tierra el gran sufrimiento ajeno].