Los ensayos
Los ensayos Quienes acostumbran a decir, contra lo que yo profeso, que cuanto llamo franqueza, simplicidad y naturalidad en mi conducta es arte y astucia, y más bien prudencia que bondad, habilidad que naturaleza, buen juicio que buena suerte, me rinden mayor honor del que me arrebatan. Pero, sin duda, hacen mi astucia demasiado astuta. Y me daré por vencido, ante quien me haya seguido y espiado de cerca, si no confiesa que ninguna regla de su escuela podrÃa reproducir este movimiento natural, ni mantener una apariencia de libertad y de licencia tan constante e inflexible por caminos tan tortuosos y variados, y que toda su atención e ingenio no serÃan capaces de conducirlos por ellos. La vÃa de la verdad es una y simple; la del favor particular y del interés de los asuntos de los que uno es responsable, doble, desigual y fortuita. A menudo he visto emplear estas libertades fingidas y artificiales, pero la mayorÃa de veces sin éxito. Suelen recordar al asno de Esopo, que, para emular a un perro, se abalanzó, lleno de alegrÃa, con las dos patas, sobre los hombros de su amo; pero el pobre asno recibió dos veces más bastonazos por tal agasajo que caricias recibÃa el perro.[27] c | Id maxime quemque decet, quod est cuiusque suum maxime[28] [A cada cual le conviene más aquello que le es propio]. b | No quiero privar al engaño de su posición —eso serÃa entender mal el mundo—; no ignoro que a menudo ha servido con provecho, ni que mantiene y nutre la mayorÃa de las ocupaciones de los hombres. Hay vicios legÃtimos, igual que hay muchas acciones buenas o excusables que son ilegÃtimas.