Los ensayos
Los ensayos b | Ahora bien, si por azar te conceden una recompensa, para no privar a la necesidad pública de este extremo y desesperado remedio, quien te la concede no deja de considerarte un hombre maldito y execrable, salvo que él mismo lo sea; y te tiene por más traidor que aquél contra quien lo eres. Porque toca la maldad de tu corazón con tus propias manos, sin que puedas desautorizarla ni objetarla. Pero te utiliza, como se utiliza a los hombres perdidos en las ejecuciones de la alta justicia, una función tan útil como poco honesta.[48] Además de la vileza de tales funciones, se produce la prostitución de la conciencia. Como la hija de Sejano no podía ser condenada a muerte con un juicio en la debida forma en Roma, porque era virgen, para abrir paso a las leyes, el verdugo la forzó antes de estrangularla.[49] No sólo su mano, también su alma es esclava del interés público.