Los ensayos
Los ensayos b | Son ejemplos peligrosos, excepciones raras y enfermizas a nuestras reglas naturales. Es preciso ceder, pero de manera muy moderada y circunspecta. Ningún interés privado merece que inflijamos tal violencia a nuestra conciencia; el público, de acuerdo, cuando sea muy claro y muy importante. c | Timoleón se protegió de modo oportuno de la extrañeza de su acción gracias a las lágrimas que derramó, al recordar que había dado muerte al tirano con una mano fraterna. Y le remordió con justicia la conciencia haberse visto obligado a lograr el interés público tan a costa de la honestidad de su conducta. El propio Senado, que se libró de la servidumbre por su mediación, no se atrevió a tomar una decisión tajante sobre un hecho tan alto y desgarrado en dos aspectos tan penosos y contrarios. Pero, como los siracusanos, precisamente en ese mismo momento, habían pedido a los corintios protección, y un jefe capaz de devolver la ciudad a su anterior dignidad, y de limpiar Sicilia de numerosos tiranuelos que la oprimían, envió a Timoleón, con esta nueva evasiva y declaración: que, según cómo se comportara en la misión, bien o mal, su sentencia se inclinaría a favor del liberador de su país o en contra del asesino de su hermano. Esta fantástica conclusión puede en cierta medida excusarse dado el peligro del ejemplo y la importancia de un hecho tan singular. E hicieron bien al dispensar a su juicio, o al apoyarlo en otra cosa y en consideraciones terceras. Ahora bien, la conducta de Timoleón en esa campaña arrojó enseguida luz sobre su causa, a tal punto se comportó de manera digna y virtuosa en todos los aspectos. Y el éxito que le acompañó en las dificultades que hubo de superar en aquella noble tarea pareció haberle sido enviado por los dioses, que conspiraban y eran propicios a su justificación.[55]