Los ensayos
Los ensayos b | En otra ocasión puse a Epaminondas en el primer rango entre los hombres excelentes, y no me desdigo.[60] ¿Hasta dónde elevaba la consideración de su deber particular quien jamás mató a nadie al que hubiera vencido, quien, por el inestimable bien de devolver la libertad a su país, sentía escrúpulos sobre si debía matar a un tirano, c | o a sus cómplices, b | sin guardar las formas de la justicia,[61] y quien juzgaba mal hombre, por más buen ciudadano que fuera, a aquel que, entre los enemigos y en plena batalla, no perdonaba al amigo y al huésped? Es ésta un alma de rica composición. Aunaba las más rudas y violentas acciones humanas con la bondad y humanidad, incluso la más delicada que pueda hallarse en la escuela de la filosofía. Un ánimo tan grande, tan orgulloso y tan obstinado contra el dolor, la muerte, la pobreza, ¿qué lo había enternecido hasta el punto de alcanzar una dulzura y una bondad de temperamento tan extremas, la naturaleza o el arte? Hórrido de hierro y de sangre, avanza destruyendo y arrollando a una nación invencible contra cualquiera salvo él,[62] y, en medio de tal pelea, se aparta para encontrarse con su huésped y con su amigo. Era, en verdad, propiamente un buen comandante para la guerra quien le hacía soportar el freno de la benignidad en el momento más intenso de su ardor, cuando estaba toda encendida y espumeante de furor y de muerte. Es un milagro poder mezclar en tales acciones cierta imagen de justicia; pero es sólo propio del vigor de Epaminondas poder mezclar en ellas la dulzura y la afabilidad del comportamiento más suave, c | y la pura inocencia. b | Y mientras uno dice a los mamertinos que los estatutos no eran aplicables a los hombres armados,[63] y otro, al tribuno del pueblo, que el tiempo de la justicia y el de la guerra eran dos,[64] y el tercero, que el fragor de las armas no le dejaba oír la voz de las leyes,[65] éste no tenía siquiera dificultades para oír las de la urbanidad y la mera cortesía. ¿No había adoptado de sus enemigos la costumbre de hacer sacrificios a las Musas, al ir a la guerra, para sofocar con su dulzura y alegría la furia y la violencia marciales?[66]