Los ensayos
Los ensayos No hay tampoco bondad que no alegre a una naturaleza bien nacida. Se produce, ciertamente, no sé qué satisfacción por actuar bien que nos regocija por dentro, y un orgullo noble que acompaña a la buena conciencia. Un alma osadamente viciosa puede tal vez adquirir seguridad, pero no puede adquirir esta complacencia y satisfacción. No es leve placer sentirse preservado del contagio de un siglo tan corrompido, y decirse a sí mismo: «Ni siquiera quien me viese hasta el interior del alma me encontraría culpable, ni de la aflicción y ruina de nadie, ni de venganza o envidia, ni de vulneración pública de las leyes, ni de innovación y tumulto, ni de infidelidad a mi palabra; y, pese a cuanto la licencia de la época permite y enseña a todos, no he tocado ni los bienes ni la bolsa de francés alguno, y no he vivido sino de la mía, en la guerra como en la paz, y no me he servido del trabajo de nadie sin salario». Estos testimonios de la conciencia complacen; y esta alegría natural nos reporta un gran beneficio, y es la única recompensa que nunca nos falta.