Los ensayos
Los ensayos No existe vicio que sea verdaderamente vicio que no hiera, y que un juicio íntegro no censure. Su fealdad y molestia es, en efecto, tan evidente que acaso tienen razón quienes dicen que se produce sobre todo por estupidez e ignorancia.[8] A tal punto es difícil imaginar que lo conozcamos sin odiarlo. c | La maldad chupa la mayor parte de su propia ponzoña, y se envenena con ella.[9] b | El vicio deja, como si fuera una llaga en la carne, un arrepentimiento en el alma, que no cesa de herirse y de ensangrentarse a sí mismo. Porque la razón borra las demás tristezas y dolores; pero engendra el del arrepentimiento, que es más grave, pues nace en el interior, como el frío y el calor de las fiebres son más agudos que los que proceden de fuera.[10] Yo considero vicios —pero cada uno en su medida— no sólo aquellos que la razón y la naturaleza condenan, sino también aquellos forjados por la opinión de los hombres, incluso falsa y errónea, si las leyes y el uso la autorizan.