Los ensayos

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Y fueron dignas las palabras de Julio Druso a unos operarios que le ofrecían, por tres mil escudos, disponer su casa de tal manera que los vecinos ya no pudieran verla como hasta entonces: «Os daré seis mil», dijo, «y haced que todo el mundo la vea desde todas partes».[18] Se señala con honor la costumbre de Agesilao de hospedarse en las iglesias cuando viajaba, para que el pueblo y los mismos dioses vieran sus acciones privadas.[19] Alguno ha pasado por milagroso ante el mundo sin que ni su mujer ni su criado le hayan visto nada siquiera destacable. Pocos hombres han tenido la admiración de sus allegados.[20] c | Nadie ha sido profeta no ya en su casa sino ni siquiera en su país, dice la experiencia de las historias.[21] Sucede lo mismo en las cosas sin importancia. Y en este vil ejemplo se ve la imagen de los grandes. En Gascuña, mi país, se toman a broma verme impreso. A medida que soy conocido más lejos de mi casa, aumenta más mi valor. En Guyena compro a los impresores; en otros sitios me compran a mí.[22] En esta circunstancia se fundan quienes se ocultan, vivos y presentes, para adquirir renombre una vez difuntos y ausentes. Yo prefiero tener menos. Y me lanzo al mundo sólo por lo que saco de él. A partir de ahí, lo dispenso.




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