Los ensayos
Los ensayos b | El pueblo le acompaña, con admiración, desde un acto público hasta su puerta. Él, a la vez que la ropa, abandona el personaje; cuanto más arriba habÃa subido, tanto más abajo cae. Dentro de su casa, todo es turbulento y vil. Aun cuando hubiese orden, se requiere un juicio vivo y muy escogido para reconocerlo en estas acciones bajas y privadas. Además, el orden es una virtud triste y sombrÃa. Abrir una brecha, dirigir una embajada, regir a un pueblo, son acciones brillantes. Regañar, reÃr, vender, pagar, amar, odiar y tratar con los tuyos, y contigo mismo, de manera afable y justa, no dejarse ir, no desmentirse, es cosa más rara, más difÃcil y menos notable. Las vidas retiradas están sujetas, por más que se diga, a deberes tanto o más duros y exigentes que las otras vidas. c | Y los particulares, dice Aristóteles, sirven a la virtud con más dificultad y elevación que quienes desempeñan una magistratura.[23] b | Nos preparamos para las ocasiones eminentes más por gloria que por conciencia. c | La manera más rápida de alcanzar la gloria serÃa hacer por la conciencia aquello que hacemos por la gloria.[24] b | Y la virtud de Alejandro me parece expresar mucho menos vigor en su escenario que la de Sócrates en este ejercicio bajo y oscuro. No me cuesta nada imaginar a Sócrates en el lugar de Alejandro; a Alejandro en el de Sócrates, no puedo. Si alguien le preguntara a aquél qué sabe hacer, le responderÃa: subyugar el mundo; si alguien se lo preguntara a éste, le dirÃa: conducir la vida humana con arreglo a su condición natural —una ciencia mucho más general, más importante y más legÃtima—. El valor del alma no radica en ascender, sino en avanzar con orden.