Los ensayos
Los ensayos Suelo hacer entero lo que hago, y avanzo todo a la vez; en mí apenas hay movimiento que se oculte y escape a mi razón, y que no se lleve a cabo más o menos con el acuerdo de todos mis elementos, sin división ni sedición internas. Mi juicio tiene toda la culpa o todo el mérito; y la culpa que tiene una vez, la tiene siempre, porque, casi desde su nacimiento, es el mismo: la misma inclinación, la misma ruta, la misma fuerza. Y, en materia de opiniones generales, desde la infancia me situé en el punto donde había de mantenerme. Hay pecados impetuosos, rápidos y súbitos. Dejémoslos de lado. Pero, en cuanto a esos pecados tantas veces retomados, decididos y pensados, o pecados de temperamento, c | o pecados de profesión y de oficio, b | no puedo entender que estén enraizados tanto tiempo en el mismo ánimo sin que la razón y la conciencia de quien los posee lo quiera firmemente y lo entienda así. Y el arrepentimiento que, según se ufana, le sobreviene en cierto instante prescrito, me resulta un poco difícil de imaginar y concebir.[35] c | No sigo a la escuela de Pitágoras, según la cual los hombres asumen un alma nueva cuando se acercan a las imágenes de los dioses para recibir sus oráculos.[36] Salvo que se refiriese a que debe ser extraña, nueva y cedida para la ocasión, dado que la nuestra[37] ofrece tan escasos signos de purificación y de limpieza condignas a tal oficio.