Los ensayos
Los ensayos b | Así pues, pocas conversaciones me detienen si carecen de vigor y esfuerzo. Es cierto que la elegancia y la belleza me llenan y ocupan tanto o más que la importancia y la profundidad. Y, puesto que en toda otra comunicación dormisqueo, y no presto sino una atención superficial, me sucede a menudo, en tal suerte de conversaciones bajas y blandas,[9] conversaciones de compromiso, que digo y respondo desvaríos y necedades indignos de un niño y ridículos; o que permanezco obstinadamente en silencio, de forma aún más insensata e insociable. Tengo una manera de ser soñadora que me retrae hacia mí mismo; y, por otra parte, una ignorancia burda y pueril sobre muchas cosas comunes. Debido a estas dos cualidades, me he ganado que puedan contarse de mí cinco o seis historias, verdaderas, que no tienen parangón en nadie en cuanto a necedad.