Los ensayos
Los ensayos b | Quien muere en pleno combate, con las armas en la mano, en ese momento no estudia la muerte, no la siente ni la considera. El ardor de la lucha lo arrastra. A un hombre honesto, conocido mío, que cayó luchando en un duelo, y que sentía cómo su enemigo le clavaba en el suelo nueve o diez veces la daga, todos los presentes le gritaban que pensase en su conciencia. Pero me contó después que, aunque esas voces le llegaban a los oídos, no le habían afectado en modo alguno, y que nunca pensó en otra cosa que en librarse y vengarse. Mató a su hombre en ese mismo combate. c | Hizo mucho por L. Silano quien le transmitió su condena. En efecto, al oír la respuesta de que estaba pronto a morir, pero no por manos criminales, se abalanzó sobre él con sus soldados para capturarlo; y como, completamente desarmado, se defendió con obstinación a puñetazos y patadas, le mató en la pelea.[14] Disipó en una cólera rápida y tumultuosa el penoso sentimiento de la muerte larga y preparada a la cual estaba destinado.
b | Pensamos siempre en otra cosa; la esperanza de una vida mejor nos retiene y apoya, o la esperanza en la valía de nuestros hijos, o la futura gloria de nuestro nombre, o la huida de los males de esta vida, o la venganza que amenaza a quienes nos infligen la muerte:
Spero equidem mediis, si quid pia numina possunt,
supplicia hausurum scopulis, et nomine Dido