Los ensayos
Los ensayos ¿Es razonable que aun las artes se sirvan y aprovechen de nuestra debilidad y estupidez naturales? El orador, dice la retórica, en la farsa de su alegato se emocionará con el sonido de su voz y con sus agitaciones fingidas; y se dejará atrapar por la pasión que representa. Se imprimirá un dolor verdadero y sustancial por medio de la comedia que interpreta, para transmitirlo a los jueces, a quienes atañe todavía menos.[45] Igual que hacen esas personas a las que se alquila en los funerales para ayudar a la ceremonia del duelo, que venden sus lágrimas y su tristeza a peso y por medidas. En efecto, aunque se conmuevan de forma ficticia, aun así, al acostumbrar y someter su disposición, lo cierto es que a menudo se arrebatan por completo, y sufren una verdadera melancolía.
Fui, con muchos otros amigos suyos, a llevar a Soissons el cadáver del señor de Gramont, desde el sitio de La Fère, donde cayó muerto.[46] Observé que, allí por donde pasábamos, henchíamos de lamentos y llantos al pueblo que encontrábamos sólo con ver el aparato de nuestro cortejo; pues ni siquiera sabían el nombre del fallecido.