Los ensayos
Los ensayos b | En otros tiempos marcaba los dÃas penosos y oscuros como si fueran extraordinarios. Ahora, para mÃ, son casi los comunes; los extraordinarios son los bellos y claros. Estoy llegando al punto de estremecerme, como si se tratara de un nuevo favor, cuando no me duele nada. Por más que me deleite, ya casi no puedo arrancarle una miserable risa a este pobre cuerpo. Sólo me alegro en la imaginación y en sueños, para desviar con este ardid la desazón de la vejez. Pero sin duda serÃa preciso otro remedio que uno en sueños —débil combate del arte contra la naturaleza—. Es una gran simpleza prolongar y anticipar, como hace todo el mundo, las incomodidades humanas. Prefiero ser viejo menos tiempo a ser viejo antes de serlo.[7] Empuño hasta las mÃnimas ocasiones de placer que puedo encontrar. Conozco bien, de oÃdas, muchas clases de placeres prudentes, fuertes y gloriosos; pero la opinión no tiene bastante fuerza sobre mà para hacérmelos desear. c | No los quiero tanto magnánimos, magnÃficos y fastuosos cuanto melosos, fáciles y asequibles. A natura discedimus; populo nos damus, nullius rei bono auctori[8] [Nos separamos de la naturaleza; nos entregamos al pueblo, que en ningún asunto es una buena autoridad]. b | Mi filosofÃa está en la acción, en el uso natural c | y presente; b | poco en la fantasÃa. ¡Ojalá me complaciera jugar a las nueces y a la peonza!
Non ponebat enim rumores ante salutem.[9]