Los ensayos
Los ensayos b | Me irrita que mis Ensayos sólo les sirvan a las damas como utensilio común, y como utensilio de sala. Este capítulo me dará acceso a su gabinete. Me gusta tener un trato un poco privado con ellas; el público carece de favor y de sabor. En las despedidas, inflamamos más allá de lo habitual el afecto hacia las cosas que abandonamos. Yo me despido por última vez de los juegos del mundo; éstos son nuestros últimos abrazos. Pero vayamos a mi tema.
¿Qué les ha hecho a los hombres el acto genital, tan natural, tan necesario y tan justo, para no atreverse a hablar de él sin vergüenza, y para excluirlo de las conversaciones serias y ordenadas? No tememos pronunciar las palabras «matar», «robar», «traicionar»; y esto sólo nos atreveríamos a decirlo entre dientes. ¿Debe entenderse que, cuanto menos lo expresamos con palabras, más derecho tenemos a engrosar con ello el pensamiento?