Los ensayos
Los ensayos b | Las mujeres no se equivocan del todo cuando rehúsan las reglas de vida vigentes en el mundo, porque las han establecido los hombres sin su intervención. La intriga y disputa entre ellas y nosotros es natural. Por más íntimo que sea nuestro acuerdo con las mujeres, no dejará de ser turbulento y tempestuoso. A juicio de nuestro autor, las tratamos sin consideración en este asunto. Hemos averiguado que, sin comparación posible, son más capaces y más ardorosas en los hechos del amor que nosotros, y que así lo atestiguó un antiguo sacerdote que había sido tanto hombre como mujer:[70]
Venus huic erat utraque nota.[71]
[Ambas Venus le eran conocidas].
Y, además, hemos conocido de sus propios labios la prueba que en otros tiempos realizaron, en siglos diferentes, un emperador y una emperatriz romanos,[72] grandes y célebres expertos en la tarea. Él desfloró en una noche a diez vírgenes sármatas, que tenía cautivas;[73] pero ella, en una noche, atendió regiamente veinticinco acometidas, cambiando de compañía según su gusto y su necesidad:[74]
adhuc ardens rigidae tentigine uuluae,
et lassata uiris, nondum satiata, recessit.[75]
[se retiró aún ardiente por el prurito de su rígida vulva,
y cansada de hombres, todavía no satisfecha].