Los ensayos

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Y hemos sabido del litigio que tuvo lugar en Cataluña. Una mujer se quejaba de las cargas demasiado asiduas de su marido —no tanto, a mi juicio, porque le incomodaran, pues sólo creo en milagros en la fe, como para restringir y contener, con este pretexto, incluso en lo que constituye el acto fundamental del matrimonio, la autoridad de los maridos ante sus esposas, y para mostrar que sus malos humores y su malicia hacen caso omiso del lecho nupcial, y pisotean hasta las gracias y las dulzuras de Venus—. Frente a tal queja, el marido, hombre en verdad brutal y desnaturalizado, respondía que ni siquiera en los días de ayuno podía arreglárselas con menos de diez. Se interpuso un notable decreto de la reina de Aragón,[76] por el cual, tras una madura deliberación del consejo, esta buena reina, para regular y ejemplificar en todo momento la moderación y el pudor requeridos en un justo matrimonio, prescribió como límites legítimos y necesarios el número de seis al día. Según decía, disminuía y rebajaba en mucho la necesidad y el deseo de su sexo, para establecer un uso cómodo y, por lo tanto, permanente e inmutable.[77] A este propósito, los doctores exclaman: ¿hasta dónde no llegará el deseo y la concupiscencia femenina, si su razón, su reforma y su virtud se tasan a este precio? c | Consideran, en efecto, el distinto juicio sobre nuestros deseos, pues Solón, modelo de la escuela jurídica, tasa sólo en tres veces al mes, para no cometer falta, este trato conyugal.[78] b | Tras haber creído y predicado esto, digo yo, les hemos atribuido de forma particular la continencia, y bajo castigos máximos y extremos.


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