Los ensayos
Los ensayos Lúculo, César, Pompeyo, Antonio, Catón y otros hombres valerosos fueron cornudos, y lo supieron sin suscitar ningún tumulto. En aquel tiempo sólo el necio de Lépido murió de angustia por este motivo:[135]
Ah tum te miserum malique fati,
quem attractis pedibus, patente porta,
percurrent mugilesque raphanique.[136]
[¡Ay, entonces, pobre de ti, qué mala suerte la tuya, con las piernas
arrancadas, la puerta abierta, te recorrerán los mújoles y las nabas!].
Y el dios de nuestro poeta,[137] cuando sorprendió a uno de sus compañeros con su mujer, se contentó con avergonzarlos:
atque aliquis de Diis non tristibus optat
sic fieri turpis.[138]
[y alguno de los dioses, no de los más
austeros, desea una infamia semejante].
Y no deja, sin embargo, de inflamarse por las suaves caricias que ella le ofrece; y se queja de que ella haya desconfiado por este motivo de su afecto:
Quid causas petis ex alto?, fiducia cessit
quo tibi, Diua, mei?[139]
[¿Por qué buscas las causas tan lejos?
¿Dónde ha huido, diosa, tu confianza en mí?]
Incluso ella le pide un favor para un bastardo suyo,