Los ensayos
Los ensayos a | Creo, al respecto, c | en la caverna de Platón en su República,[3] y creo a | a los médicos que con tanta frecuencia rinden a su autoridad las razones de su arte; y a ese rey que, gracias a ella, sometió su estómago a alimentarse de veneno;[4] y a la muchacha que Alberto relata que se acostumbró a vivir de arañas.[5] b | Y en ese mundo de las nuevas Indias se han hallado grandes pueblos, y en regiones muy diferentes, que vivían de ellas, se abastecían de ellas y las criaban, como también de saltamontes, hormigas, lagartos y murciélagos; y un sapo fue vendido por seis escudos en un momento de escasez de víveres —los cuecen y preparan con distintas salsas—. Se ha encontrado a otros a quienes nuestras carnes y alimentos resultaban mortales y venenosos.[6] c | Consuetudinis magna uis est. Pernoctant uenatores in niue; in montibus uri se patiuntur. Pugiles caestibus contusi ne ingemiscunt quidem[7] [La fuerza de la costumbre es grande. Los cazadores pernoctan en la nieve; soportan quemaduras en las montañas. Los púgiles, golpeados por los cestos, ni siquiera gimen].