Los ensayos

Los ensayos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Tales ejemplos extranjeros no son sorprendentes si consideramos hasta qué punto la costumbre embota nuestros sentidos, cosa que comprobamos de manera habitual. No hace falta que indaguemos en lo que se cuenta de los vecinos de las cataratas del Nilo, ni en lo que los filósofos consideran acerca de la música celeste —que, dado que los cuerpos de las esferas son sólidos, lisos y se rozan y frotan entre ellos al girar, no pueden dejar de producir una maravillosa armonía, por cuyas cadencias y modulaciones se gobiernan los contornos y los cambios de las danzas de los astros; pero que universalmente los oídos de las criaturas de aquí abajo, adormecidos, como los de los egipcios, por la persistencia del sonido, no alcanzan a percibirlo por muy grande que sea—.[8] Los herradores, los molineros, los armeros no podrían resistir el ruido que les golpea si les penetrara como a nosotros.[9] Mi jubón de flores[10] sirve a mi nariz, pero, tras vestirme con él tres días seguidos, sólo sirve a las narices de los presentes. Más extraño es que la costumbre pueda añadir y establecer el efecto de su impresión sobre nuestros sentidos pese a largos intervalos e interrupciones. Así lo experimentan los vecinos de los campanarios. En mi casa me alojo en una torre donde una campana muy grande toca todos los días, por diana y por retreta, el avemaria. El estruendo sobrecoge a la torre misma; y si los primeros días me parece insoportable, en poco tiempo me habitúo de manera que lo oigo sin molestia y a menudo sin despertarme.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker