Los ensayos
Los ensayos b | Alguna de conducta licenciosa tiene la voluntad más reformada que otra que se comporta con aparente rectitud. Así como vemos a algunas que deploran haber sido consagradas a la castidad antes de la edad de razón, he visto también a otras que lamentan de veras haber sido consagradas al desenfreno antes de la edad de razón. La causa puede ser el vicio de los padres, o la fuerza de la necesidad, que es una ruda consejera. En las Indias orientales, pese a que la castidad era muy apreciada, la costumbre permitía que la mujer casada pudiera entregarse a quien le ofrecía un elefante; y ello con cierta gloria por haber sido valorada a tan alto precio.[161] c | El filósofo Fedón, hombre de buena familia, tras la conquista de Elide, su país, ejerció el oficio de prostituir la belleza de su juventud, mientras duró, a quien la quisiera, a cambio de dinero para vivir.[162] Y se dice que Solón fue el primero en Grecia que, con sus leyes, dio libertad a las mujeres, a costa de su pudor, para proveer a sus necesidades vitales,[163] una costumbre que, según Heródoto, era admitida antes de él en varios Estados.[164]
b | Y, además, ¿qué fruto se saca de este penoso afán? Pues, por más justicia que haya en esta pasión, habría que ver también si nos arrastra útilmente. ¿Hay alguien, acaso, que crea tener a las mujeres bien sujetas con su industria?
Pone seram, cohibe; sed quis custodiet ipsos